¿Te unes para caminar regalando fe?

¿Te unes para caminar regalando fe?

Estamos en tu presencia, Señor. Estamos ante Ti, porque necesitamos conocer mucho más, quién eres y qué lugar ocupas en nuestras vidas, para poder llevarte a los demás.

Sabemos que, Tú eres el gran evangelizador, el que sales al encuentro de cada persona que tiene inquieto el corazón.

Sabemos que, Tú eres nuestro destino, nuestra meta, nuestro fundamento… Que… eres la esperanza por la que luchamos y el corazón con el que amamos.

Por eso, ante Ti, sólo queda admirar, acoger, vaciarse y callar, para sentir tu paso, caminando a nuestro lado.

    La primera súplica que sale de nuestro corazón esta mañana es esta: Señor, auméntanos la fe

    Si nuestra fe, no estuviera tan atada al qué dirán, si no fuese esclava de la comodidad, si no dependiera de los miramientos de otros… nuestros ojos serían capaces de ver que, la humanidad está sometida a toda clase de riesgos, guerras, desencuentros y amenazas que la oprimen, la dominan y le hacen tambalear.

    Por eso, si consiguiésemos ir quitándonos todos esos condicionamientos seríamos libres, para pronunciarían ese mensaje de libertad que Jesús vino a traernos: sin miedo, sin temor, sin recelos…

    Y seríamos capaces de gritar a todos… que, Dios, está por encima del mal que nos amenaza y nos convertiríamos en cauce, para hacer llegar la salvación a todos los rincones de la tierra, convirtiéndonos así en unos verdaderos misioneros.

     Y yo ¿estoy dispuesto a llevar la salvación allí donde alguien se encuentre necesitado de ella?

    Si nuestra Paz, no estuviera condicionada por la ambición, por el tener, por el poder… nos daríamos cuenta de que, la grandeza de ser cristiano radica en no instalarse en la negatividad que hace vivir desasosegados y angustiados; sino en recordar, cada día, de quién nos hemos fiado y de que, la misericordia de Dios está por encima de nuestros deterioros.

    Pues, aunque mirando alrededor veamos que, la creación sufre; que, la persona sufre; que, la humanidad sufre… envolviéndonos, en un sentimiento de impotencia en el que, de una forma o de otra, nos sentimos inmersos nuestro Dios providente, llega siempre –en el momento justo- a socorrer la necesidad, diciéndonos a cada uno: ¡Os traigo mi Paz!

    • Y yo ¿soy persona que vivo la Paz?
    • ¿Creo de verdad que, Dios llegará en el momento justo, para remediar tanta calamidad?
    • ¿Me ayuda esa certeza a vivir en paz?

    Señor, ¡cuántas personas necesitan escuchar hoy tu Palabra! Y Tú nos has elegido a nosotros para proclamarla.          

    Por eso, te pedimos Fe y Humildad, para anunciar tu nombre con verdad y sencillez, con libertad, con valentía… siendo auténticos y veraces como lo fueron tus apóstoles, siendo capaces –como ellos– de hacer un mundo más humano  y más fraterno.

    Pues como nos dice el Salmo de hoy: El Señor es nuestro Dios y Él gobierna toda la tierra.

    Julia Merodio

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