Pensar en la Resurrección puede convertirse en un ejercicio de complacencia. “Jesús Resucitó”, “Feliz Pascua”,  “qué bonito es todo…”. Besos y sonrisas para todos… Llenamos nuestras liturgias de cantos que hablan de gozo sin límites y felicidad plena. Recitamos oraciones que dicen que el mundo está lleno de luz, que la tiniebla ha desaparecido, que la gracia desborda en torrentes, que es tiempo de cantar…  Pero si uno tiene ganas de ser escéptico el mundo ayuda mucho; miras alrededor y los periódicos siguen llenos de noticias trágicas. El que ayer sufría hambre hoy sigue con el estómago vacío. Los violentos no parecen haberse transformado en dóciles corderos. Nuestra Iglesia sigue necesitando más diálogo y menos seguridades. No hay para ayudas al desarrollo, sigue habiendo deuda externa, no se ha abolido la pena de muerte, y así podríamos seguir mostrando semillas del mal. ¿Y dónde quedan entonces las semillas de la resurrección que tanto exaltábamos la semana pasada?

Tenemos que ser conscientes de que la Resurrección no es una cuestión de “todo o nada”, de un ya definitivo. Sólo es un anticipo, una promesa que ha empezado a cumplirse, un motivo para seguir luchando, una razón para correr riesgos.

SALTAR AL VACÍO

Qué pena un mundo tan lleno de gente
que sólo busca seguridades a toda costa.
Se empieza queriendo tenerlo todo atado y bien atado,
y se termina sin ser capaz de dar ningún paso.

Quiero estar tan seguro de Dios,
que ni siquiera creo a mi corazón
que me dice que merece la pena dar la vida
por el sueño del Reino.

Quiero estar tan seguro de mi futuro
que olvido vivir mi presente.
quiero estar tan seguro de tu amor
que olvido que el amor es gratuito, frágil,
y uno lo cuida cada día, no lo ata.

Quiero estar tan seguro de acertar,
que no me permito equivocarme.

La Resurrección nos habla
de una forma de vivir que es muy diferente.
Una forma de vivir que supone
incertidumbre, fe, riesgo.

Tenemos que ser capaces de saltar al vacío
algunas veces en la vida,
como Jesús en su Pascua,
sin tener controlado lo que habrá al otro lado.

Tenemos que ser capaces
de adentrarnos en la oscuridad,
creyendo que al otro lado hay una luz,
aunque no la veamos.

Tenemos que soltarnos de muletas
que nos impidan caer,
pero que no nos dejan tampoco correr.

¿Cuáles son tus sueños más insensatos, más nobles, más esperanzadores para este mundo? ¿Y por qué no creer que todo esto es posible? ¿Por qué no?